Colgar las botas es una expresión que se emplea con asiduidad en el mundo del deporte, en especial en el ámbito futbolístico, para decir que alguien pone fin a su carrera o abandona la práctica deportiva. Tengo mis dudas acerca de si la frase procede del fútbol, o por lo contrario la han cogido prestada de una tradición ancestral practicada en España y otros países, en la que jóvenes soldados, literalmente, colgaban sus botas de algún cable eléctrico al finalizar el servicio militar.

Hoy en día es cada vez más habitual encontrarse zapatillas deportivas colgadas de los cables que atraviesan el cielo de las ciudades. El fenómeno se conoce como “shoefiti”, un neologismo que une “shoe” (zapato) y “graffiti”. Es inevitable preguntarse por qué, ¿qué empuja a alguien a lanzar unas zapatillas para colgarlas de un cable? Son infinitas las leyendas urbanas que le buscan sentido.

En Estados Unidos se le atribuye un origen vandálico, siempre se ha dicho que las “zapas colgantes” delimitan el territorio de una determinada banda, que señalizan un punto de venta de droga o incluso que son un tributo a pandilleros asesinados. Hay multitud de videoclips de música rap en los que podemos ver lo que ellos llaman “shoe tossing”.
Otras explicaciones mucho menos siniestras hablan de puntos de inflexión, el inicio o el término de algo, como el “adiós a la mili” citado anteriormente. En muchas universidades de Estados Unidos y Canadá, los estudiantes cuelgan sus viejas zapatillas de un árbol para celebrar el fin de curso. Por otra parte en algunos lugares del mundo el calzado volador anuncia una boda, en Escocia incluso surgió la tradición de lanzar las botas después de perder la virginidad.

El sentido más estricto del shoefiti se basa en una especie de “Yo estuve aquí”, una manera de dejar tu huella – nunca mejor dicho – como si de graffiti aéreo se tratara, para formar parte de la ciudad sustituyendo la pintura por algo que has llevado contigo durante probablemente mucho tiempo.

Unos creen que el shoefiti ensucia, otros que adorna. Arte o gamberrada, lo cierto es  que cada zapatilla encierra una historia y es un misterio que no deja indiferente a nadie. ¿Te animarías a darle a tus zapatillas un final por todo lo alto?”