En más de una ocasión hemos escuchado los beneficios que aporta una buena carcajada, siempre se ha defendido su poder terapéutico y social.

La risa provoca una tremenda liberación de hormonas, las endorfinas conocidas como las hormonas de la felicidad, fortalecen nuestro sistema inmunológico y reducen la segregación de hormonas como el cortisol, la adrenalina o la encefalina entre otros muchos, precursores por ejemplo del estrés, la ansiedad o la depresión.

Una de las razones por las que deberíamos intentar reírnos más, quizá se encuentre en la notable diferencia entre niños y adultos, donde los primeros suelen reírse un promedio de 300 veces al día mientras que nosotros solo lo hacemos entre 15 y 100 veces.

En el año 1996 se produjo un descubrimiento relacionado con la risa en la Universidad de Parma, Italia. Un equipo de investigación dirigidos por el neurobiólogo Giacomo Rizzolatti, encontraron un pequeño grupo de neuronas que nos permiten captar las intenciones de los demás, las denominaron neuronas espejo o especulares. Este equipo de investigación estaba estudiando el cerebro de los monos, cuando se dieron cuenta de que un conjunto de neuronas específicas se encendían no solo cuando el animal realizaba ciertos movimientos, sino también cuando los contemplaba en otros. En un principio se pensó que simplemente se trataba de un sistema de imitación pero poco después este grupo neuronal ha cobrado relativa importancia, ya que desempeñan un importante rol dentro de las capacidades cognitivas ligadas a la vida social, como la empatía.

Nos permite hacer propias las acciones, sensaciones y emociones de los demás”

A continuación vemos el efecto de estas neuronas espejo en acción en esta pieza “brillante” que recorre las diferentes edades del ser humano y sus risas, y no os preocupéis si la risa se os contagia, es algo natural.