Era uno de los favoritos para clasificarse para la final de los 400 metros lisos de las olimpiadas de Barcelona en 1992. Y aunque no cruzó la meta en primera posición su nombre quedó grabado en la memoria de millones de personas.

Intento pensar en ese preciso momento, de repente un silencio terrible, un crujido profundo en una parte de tu cuerpo maldita, el tendón de Aquiles otra vez… No oyes nada y al segundo miles de persona gritando. Y en tu cabeza una sola frase “se acabó”

Pero quizá el orgullo o el duro sacrificio que le había llevado hasta allí le hicieron darse cuenta que en cuestión de segundos había que tomar una decisión: Lamentarse o levantarse.

Que gran lección nos trasmitió Dereck Redmond, os aconsejo ver el informe Robinson: